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Posted julio 27, 2015 by AdminDTPA in Consejos
 
 

Peroestoqueesloquees!!!

Los sabores «supernaturales» se encuentran en tu boca creando una sensación indescriptible que navega entre la incomprensión y la repugnancia.

1127973499Estoy seguro de que, alguna vez, os habéis encontrado en un bar de tapas en el que el cocinero de turno ha visto demasiado «master Chef» y en un alarde ha decidido innovar sumergiéndose en el mundo del choque de sabores. En ocasiones (las menos) esta confrontación de sabores da lugar a placeres indescriptibles e inesperados, algunos de los cuales son, ya, parte inseparable de nuestra gastronomía y cultura. En otras muchas, sencillamente, son un experimento que salió mal y que, con buen criterio, debería ir directamente a la basura o debería ser exterminado por cazadores de criaturas infernales.

Buffy214Quede claro que la investigación y la valentía en la cocina son de alabar. Y no está mal llevar a las bocas de la clientela nuevos sabores y descubrimientos. Pero la tozudez… Como que no. Los concursos son un buen momento para proponer estas excentricidades culinarias. Pero háganme el favor: retiren las tapas que han fracasado en el intento y no las mantengan en su mostrador como mártires incomprendidos que merecen ser liberados del purgatorio. Aún estoy intentando digerir algunos de estos esperpentos que se me ocurrió probar en el concurso «Ávila en tapas» (y ya ha pasado casi un mes), como para encontrarme estos engendros aún campando por los mostradores. Esos no bajan ni con Mahou bendita. Me voy a ver obligado a ir con un kilo de sal para ir sellando las puertas al infierno que abren algunos cocineros.

Hot_wings-contest-MMHD620Si lo que quieren es sorpresa/repugnancia/susto/auxilio/socorro en la faz de su clentela y crear auténticos infiernos demoniacos en los estómagos con digestiones de mil años dignas de Sarlacc, pongan unas alitas de pollo bañadas en guindilla nuclear y jalapeño extraído de las manchas de los soles de Orión. Verán cómo las caras de sus clientes se transforman en cuestión de segundos. Eso sí, no olviden regalar una camiseta de «Yo estuve allí», al que sea capaz de tomarse cuatro.